MIES MISSING MATERIALITY

 

Vestir el Pabellón Mies van der Rohe para desnudarlo de su materialidad.

Con esta sencilla acción, el Pabellón se convierte en una representación de sí mismo y abre la puerta a múltiples interpretaciones sobre aspectos como el valor del original, el papel de la superficie blanca como imagen de la modernidad, o la importancia de la materialidad en la percepción del espacio.

El Pabellón de Barcelona sobre el que actuamos es una reconstrucción; una réplica tan fidedigna del original, que a menudo cuesta recordar su verdadera naturaleza. Un edificio que debía ser temporal quedó inmortalizado en primera instancia por el relato escrito del movimiento moderno, y más adelante, por su propia reconstrucción.

Convertir el Pabellón en una imagen de sí mismo, con todas sus superficies limitadas a un único material, pone en evidencia el papel representativo del edificio; tanto el del original, como símbolo nacional, como el de la réplica, en representación del primero. El Pabellón se convierte, durante un tiempo, en la maqueta a escala 1:1 de la réplica del pabellón temporal más longevo de la arquitectura moderna.

Sustraer parte de la materialidad al Pabellón abre además otras interpretaciones ligadas a la historiografía de la arquitectura del siglo XX.

El Pabellón de Barcelona fue entronado como icono de la modernidad en la exposición “Modern Architecture” del Moma de Nueva York de 1932. En el catálogo de la exposición, varios edificios de arquitectos como el propio Mies van der Rohe, Le Corbusier, Neutra, Wright, Oud o Gropius, entre otros, son presentados a través de una selección de fotografías y escritos críticos en los que Philip Johnson y Henry Russell Hitchcock apuntan los criterios homogeneizadores para poder aunar todas las obras bajo un mismo foco. Entre tales criterios, la superficie blanca, como emblema de una nueva arquitectura, aparece como uno de los más insistentes.

Proveer al Pabellón de Barcelona de esa blancura homogeneizadora significa dotarlo de una de las características definitorias de la historiografía moderna -que no de la modernidad- aunque al mismo tiempo, signifique despojar al Pabellón de su materialidad, de su carácter único; aquél que precisamente lo erigió en icono del mismo movimiento moderno.

La instalación convierte esta paradoja en vivencia. Permite al visitante plantearse éstas y más reflexiones a través de su propia experiencia en un Pabellón que, por unos días, pierde su rastro material para, así, asumir todo su potencial representativo y relacional. Nos permite reflexionar sobre aspectos tan transversales como el valor de la imperfección, en un pabellón alterado que se presenta pulcro e inmaculado el primer día, pero que muestra todos los rastros del deseo después de días de visitas. Refuerza la interpretación del Pabellón como templo del alma alemana, ahora sí blanco, aunque todavía desprovisto de sus ocho columnas en la fachada de acceso. Lo podemos comparar con la imagen de aquella maqueta hecha de telas blancas que supuestamente Mies realizó para la familia Kröller-Müller. Y entre otras reflexiones, nos muestra el poder de las juntas, ahora perfectamente visibles al desaparecer las texturas y reflejos que las ocultaban y que nos recuerdan a una de las perspectivas o collages tan característicos de Mies por el que ahora podemos pasear.

Una instalación que, en definitiva, funciona como detonante para la reflexión.

 

 

Dressing the Mies van der Rohe Pavilion to strip it of all materiality.

This simple act turns the Pavilion into a representation of itself that opens the door to multiple interpretations about aspects like the value of the original, the role of the white surface as an image of modernity and the importance of materiality in the perception of space.

The Pavilion in Barcelona upon which we act is a reconstruction, a replica so faithful to the original that it is often difficult to remember its true nature. A building that should have been temporary was immortalised first by the written account of the modern movement and later by its own reconstruction.

Turning the Pavilion into the image of itself, with all the surfaces restricted to the same material, reveals the building’s representative role both that of the original, as a national symbol, and that of the replica, by representing the former. For a time, the Pavilion will be the longest-standing 1:1 scale mock-up of the replica of the temporary pavilion in modern architecture.

Removing all materiality from the Pavilion also raises other interpretations related to the historiography of 20th-century architecture.

The Pavilion in Barcelona was enthroned as an icon of modernity at the ‘Modern Architecture’ exhibition at the MoMA in New York in 1932. The exhibition catalogue presents various buildings by architects like Mies van der Rohe, Le Corbusier, Neutra, Wright, Oud, Gropius and others through a selection of photographs and critical essays in which Philip Johnson and Henry-Russell Hitchcock indicate the homogenising criteria for combining all the works through the same lens. These include the white surface as an emblem of a new architecture, which appears as one of the most insistent.

To provide the Pavilion in Barcelona with that homogenising whiteness means to endow it with one of the defining features of modern historiography (not of modernity). Yet at the same time, it also involves stripping the Pavilion of its materiality and its unique characteristics—specifically the one that erected it as an icon of the modern movement.

The installation turns this paradox into an experience. It helps visitors to consider these ideas and many more through their own experience in a pavilion that will lose its materiality for a few days to assume all its representative potential.

It allows us to reflect on transversal aspects like the value of imperfection, in an altered pavilion that appears neat and immaculate on the first day, but that shows all the traces of desire after days of visits. It reinforces the interpretation of the Pavilion as a temple of the German soul, now white, although still devoid of its eight columns on the access facade. We can compare it with the image of that model made of white cloth that Mies supposedly made for the Kröller-Müller family. Furthermore, it shows us the power of the boards, now perfectly visible through the disappearance of the textures and reflections that hid them and that remind us of one of the perspectives or collages so characteristic of Mies, a collage through which we now can walk.

An installation that, in short, works as a trigger for reflection.

 

Arquitectos / Architects: Anna & Eugeni Bach / Bach arquitectes

Colaboradores / Collaborators: Albert Cabrer

Fecha / Date: Installation 2017 – Final piece 2018

Promotor / Promoter: Fundació Mies van der Rohe

Constructor: Demibold, SL

Dirección / Address: Barcelona Mies van der Rohe Pavilion

Fotografías / Photographs: Adrià Goula

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